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Porsche - La noche de las noches

La noche de las noches

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«Me gusta muchísimo la oscuridad. Estás solo, te sientes invisible».

La experiencia es lo que cuenta en Le Mans. También un piloto de Fórmula 1 tiene que acumularla primero. Nico Hülkenberg queda encantado por esta vertiginosa carrera nocturna.

La orden de salida al circuito tras la parada en los boxes es siempre la misma: «Ignition on. Hybrid on. Go!» Esta vez la orden por radio anuncia además la primera experiencia de Nico Hülkenberg en una competición nocturna. Este alemán de 27 años es un novato en el clásico de deportivos, como también lo son el británico Nick Tandy y el neozelandés Earl Bamber, con quienes comparte el Porsche 919 Hybrid con el número 19. Ni Hülkenberg ni Bamber han participado nunca en una carrera de 24 horas. Tandy ya ha competido en Le Mans en dos ocasiones pilotando dos gran turismos de Porsche, pero no tiene experiencia en un rapidísimo prototipo de la ultrarrápida clase 1. «Somos los jóvenes salvajes sin experiencia», constata Hülkenberg antes de la salida, «los tres tenemos velocidad, pero no quiero imaginarme ningún resultado. Nos dejaremos ir y veremos hasta dónde llegamos». Será lejos, muy lejos.

Hülkenberg, piloto profesional de Fórmula 1 y temporalmente piloto oficial de Porsche, había pilotado a la salida. Son unos emocionantes fuegos artificiales con tambores y charanga que producen carne de gallina y que ponen punto final a la dramaturgia de toda una semana en Le Mans, tras la inscripción de los vehículos en la Place de la République, las pruebas de clasificación hasta medianoche y un baño de multitudes durante el desfile de los pilotos. Después del alemán tomaron el mando Tandy y Bamber.

El ingeniero de carreras australiano Stephen Mitas, que llegó a Porsche a través de la Fórmula 1, guía por radio a los tres primerizos de Le Mans. Calma estoica, voz sonora. Mitas sabe bien cuándo hay que decir qué: «Es perfecto», dice Hülkenberg, «son pocos los que saben hacerlo. Esta confianza influye mucho en el estado mental de los pilotos».

Hülkenberg permanece un rato de pie en el box antes de meterse de nuevo en el 919 Hybrid. Lleva el casco puesto, se le notan la tensión corporal y la concentración. Hace rato que se ha conectado en la conversación por radio entre Bamber y Mitas. Así se entera de lo que está pasando fuera y cómo se siente su compañero en el automóvil. Parada en los boxes. Hülkenberg se introduce en la estrecha cabina, recibe su botella de agua, neumáticos nuevos y el depósito lleno. El sol está bajo a las 20:53. Gracias a que el desgaste de los neumáticos es moderado, el frescor de la noche permite cuatro stints. ¿Qué es un stint? Es el trayecto que se puede recorrer con un depósito de gasolina: por lo menos 13 vueltas, casi 180 kilómetros. Cuatro stints equivalen aproximadamente a dos carreras y media de Fórmula 1. Hülkenberg nos conduce a la noche de las noches, a un viaje ejemplar de alta velocidad de 13,6 kilómetros.

«Los boxes están iluminados. Fuera, en el circuito, por la noche, se ve la luz ultravioleta de los interruptores del volante. Una vez abandonada la recta de boxes hay que frenar en la primera curva a la derecha para inmediatamente apretar el acelerador. El bólido fluye bajo el magnífico arco Dunlop y llega a Tertre Rouge, una curva a la derecha, tras la que coge velocidad. Entra así en la larga recta. En las dos chicanas es importante esperar para pisar el freno. Hay que saber cuándo hacerlo: por una parte se ha de llegar con mucha fuerza y por otra volver a pisar rápidamente el acelerador para seguir con la recta. Sobre todo hay que evitar salir mal de una chicana, así como prestar atención a los vehículos gran turismo, que son más lentos. Ellos también tienen que posicionarse y no pueden desaparecer como por arte de magia.

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La recompensa por el agotamiento de toda la noche: el 919 Hybrid cruza el primero la meta, la 17ª victoria general es perfecta.

Al final de las rectas que preceden a la curva de Mulsanne hay ondulaciones en el pavimento. Es fácil no frenar en el momento adecuado y salirse de la curva en línea recta con las ruedas bloqueadas. A la salida de la curva hay muchos espectadores, y nos dirigimos directamente hacia ellos. En la oscuridad únicamente vemos lo que iluminan los faros. Se conduce de otro modo que durante el día. Como en un túnel. ¡No lo conocía, pero me encanta!

Tras la Mulsanne aparece primero el bosque, oscuridad total a ambos lados del circuito. Las dos curvas a la derecha se toman a toda velocidad. Después vienen Indianápolis uno y dos, curvas brutales con muchísimo peralte. Se siente la compresión en el coche y la dirección se vuelve dura. A más de 300 km/h se entra en Indianápolis uno, frenando en mitad de la curva Indianápolis dos. No se pueden descuidar ni el punto de frenado ni el peralte, sino se provoca un considerable subviraje. Y allí no hay mucho espacio para maniobrar. ¡Un punto crítico! Y más cuando coincides en la curva con automóviles más lentos.

El Porsche 919 Hybrid tiene el speed de los Fórmula 1, va directamente al grano. La mayor diferencia es la tracción en las cuatro ruedas al salir de las curvas. ¡A esto se le llama acelerar! Vas a tope todo el tiempo y en la Fórmula 1 el desgaste de los neumáticos se produce antes. Una vez has salido de Indianápolis entras en la Arnage, el tramo más lento, donde circulamos a unos 70 km/h, porque es como una pista de patinaje. Aquí hay menos agarre que en el resto del circuito. Uno piensa siempre que podrá frenar más adelante, pero no es así.

Las curvas Porsche en el último sector son puro highspeed. Entras en la combinación a la derecha, y adelante. Es ultrarrápido, las imágenes pasan volando. Hay que estar absolutamente concentrado y seguir la línea ideal, no sea que pillemos mal un bordillo. Es fácil estrellarse aquí, que es lo último que querríamos a más de 250 km/h. Casi siempre hay que sortear a los automóviles más lentos. Pero si al comienzo de las curvas Porsche te ves obligado a levantar el pie del acelerador pierdes muchísimo tiempo.

Chicana Ford, la última, todo sobre ruedas. Por fin se deja ver la tribuna principal. Stephen se comunica ahora conmigo y me dice qué interruptores tengo que accionar para que el automóvil dé su máximo rendimiento. Yo le cuento mis sensaciones y vuelvo a buscar mi camino entre el tráfico».

Maniobrar por el tráfico, manejar el complejísimo coche de carreras híbrido, circular a velocidades de sprint… y eso durante 54 vueltas. Después de tres horas y veinte minutos Hülkenberg, que encabeza la carrera, entrega el mando a Nick Tandy. Entrar en la zona de boxes, conectar el limitador de velocidad, desconectar la radio, aflojar el cinturón de seguridad y parar en el punto exacto. La manguera de la gasolina se encaja en el depósito, Hülkenberg abre la puerta y se desliza afuera del bólido. En el box se quita el casco y el pasamontañas. Está radiante, a pesar de estos cuatro stints se siente todavía fresco: «Me gusta muchísimo la oscuridad. Ya fue así en las pruebas, y ahora en la carrera mucho más. Las carreras de Fórmula 1 están completamente iluminadas con proyectores, no se puede comparar. En Le Mans tienes solo TU automóvil y TUS faros. Estás solo, te sientes invisible».

Hace rato que Tandy ha desaparecido en la noche con el 919. Queda todavía un buen trayecto. Pasarán todavía más de 14 horas antes de que Nico Hülkenberg atraviese con el vehículo la línea de meta, con una vuelta de ventaja con respecto al otro Porsche, pilotado por Timo Bernhard/Brendon Hartley/Mark Webber. El tercer 919, con Romain Dumas/Neel Jani/Marc Lieb, acaba en quinto lugar. Lo que ha pasado este 14 de junio va a acompañar a Hülkenberg durante toda su vida: «La velocidad era extremadamente alta, no había imaginado algo así de una carrera de largo recorrido. La emoción en Le Mans es una locura. El equipo es numeroso, hay muchas personas a tu alrededor. La emoción que produce llevar a la meta un bólido vencedor en Le Mans y subirse al podio cuando miles de personas se precipitan a la línea de salida y meta y dan gritos de júbilo, es indescriptible. Es increíble como compensa. «¡Hasta ahora es el mayor éxito de mi carrera!».

Texto Heike Hientzsch

¿Qué hacer en Le Mans?

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Circuit des 24 Heures, France, Aerial view, © Google Inc.

24 horas

Ciudad

A lo largo de los siglos Le Mans permaneció prácticamente intacta. Es así que el casco antiguo histórico de la ciudad, con calles adoquinadas, se mantiene en buenas condiciones. El centro está situado en una colina y está protegido por una muralla restaurada con once torreones, a orillas del Sarthe.

Atracción turística

El punto más céntrico de Le Mans lo constituye la catedral de San Julián. La edificación está formada por un coro gótico con doble deambulatorio al que hay adosada una nave románica.

Marca

Le Mans y 24 Horas es una simbiosis para vehículos gran turismo y automóviles deportivos, no solo en el clásico de largo recorrido. A lo largo de un año tienen lugar otras competiciones de 24 horas para inlineskates, escúteres, motocicletas, karts y camiones. Y hay un torneo de golf de 24 horas. Información: www.lemans.org; www.golfdes24heures.fr; www.24rollers.com