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Spyder territory

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Detrás de Alice Springs solo hay una dirección: siempre recto. El 918 Spyder acelera.

No hay muchos lugares en los que el superdeportivo híbrido 918 Spyder pueda acelerar a 350 km/h. Nosotros lo hemos hecho en el desierto australiano. Hasta 150 km/h únicamente con electricidad y después ¡a toda potencia!

Un silencio como solo lo conoce el outback australiano, casi tenebroso. Por aquí solo circulan los que no tienen más remedio o los que tienen unas ganas irrefrenables de ponerse a prueba. El roce de los neumáticos sobre el duro pavimento, la nube de polvo de arena roja, el silbido del viento y las difusas imágenes del paisaje que dejamos atrás son una muestra inequívoca de que estamos experimentando el movimiento en una de sus formas más extremas. Una velocidad más rápida que la normalmente permitida por la policía australiana.

En un tramo de carretera de 200 kilómetros en el Northern Territory, al norte de Alice Springs, el límite de velocidad establecido de 130 km/h se suprimió a principios del año pasado. Una invitación intrínseca a hacer uso de la aceleración puesta a disposición por los ingenieros de un vehículo deportivo de alto rendimiento como es el 918 Spyder.

Sin embargo, en nuestro viaje no solo queremos experimentar el vértigo de la velocidad, sino también disfrutar del abanico de prestaciones del 918 Spyder, que se dejó de fabricar a mediados de junio con el número 918. Desde Alice Springs, el centro geográfico del continente australiano, hemos circulado los primeros 25 kilómetros únicamente con energía eléctrica. Los dos motores eléctricos del Spyder libran un rendimiento máximo de 210 kW (286 CV) a 6.500 revoluciones por minuto. Es la muestra práctica de que la Porsche Intelligent Performance también funciona en la técnica híbrida. Alcanzamos nuestra velocidad inicial de ensayo de 150 km/h fácil y silenciosamente mediante potencia exclusivamente eléctrica.

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Una vivencia a cámara rápida en el desierto: el velocímetro electrónico señala rápidamente una velocidad de 350 km/h – y el paisaje pasa volando tras las ventanas.

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De camino hacia el norte, en dirección a Aileron, el 918 Spyder mantiene las altas velocidades incluso en carreteras sin asfaltar.

La tracción eléctrica es agradable y ecológica, pero llega un momento en que ni siquiera nuestro experimentado piloto Craig Baird, cinco veces vencedor de la Carrera Cup, puede resistir a la tentación. Antes de espolonear el motor de carreras trasero V8 de 4,6 litros y cuatro árboles de levas en cabeza, este australiano se pone aún en contacto por radio con el equipo de acompañamiento por tierra y helicóptero para que le confirme que la recta y solitaria carretera está realmente libre. Solo entonces aprieta el acelerador y el outback gana una nueva fuerza natural, aunque ésta sí es controlable.

En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos en un universo paralelo. Con un poderoso rugido, el Spyder cambia a la tracción híbrida deportiva. Para que quede por escrito: la aceleración de los confortables 60 km/h de la ciudad hasta la velocidad máxima se obtiene en apenas 40 segundos. Los motores eléctricos, conjuntamente con el de gasolina de 4,6 litros, liberan la potencia máxima de 652 kW (887 CV) a 8.500 revoluciones por minuto. Quedamos pegados en los asientos de carbono, cuya forma nos envuelve y protege. Parece que el Spyder se estuviera tragando la carretera que tenemos delante en un ansia insaciable de velocidad. Baird tiene los ojos fijos en la V invertida, allí donde la carretera desemboca en el horizonte. V de vmax, solo que visualizada de un modo indescriptiblemente bello. En los siguientes 11 kilómetros el paisaje vuela a nuestro paso.

El velocímetro electrónico del 918 pronto muestra una velocidad de 350 km/h. Casi 50 km/h más de los conseguidos hasta ahora por Baird en el Porsche de carreras. Pero con la diferencia de que no estamos circulando por el recinto protegido de un circuito de carreras cuidadosamente conservado sino por una carretera pública con un carril por sentido de circulación que por lo general tendríamos que compartir con monstruosos camiones de tres remolques y un peso de hasta 200 toneladas. Pero por suerte hoy tenemos vía libre. Si mantenemos esta velocidad, alcanzaremos la localidad de Barrow Creek, al final de los 200 km, en menos de 35 minutos.

Una sensación de exaltación se expande en la cabina del 918 Spyder: ¡Nunca volar fue tan fácil, tan emocionante y, a la vez, tan seguro! Se trata de un trayecto excepcional: hemos explorado ambos extremos del espectro de posibilidades que ofrece la conducción para concluir que nunca antes un vehículo de serie ha conseguido un rendimiento similar en las carreteras australianas.

Tras unos cuantos kilómetros que parecemos haber superado en segundos nos acercamos a la apartada localidad de Aileron. En medio de la nada hay un bar, una gasolinera y nueve habitantes. Siguiendo la carretera un poco más hacia el norte nos encontramos con Wycliffe Well, un lugar también conocido como punto de observación de los cazadores de ovnis. Parece ser que en ningún otro lugar del continente se han visto tantos fenómenos extraterrestres como aquí. Seguro que los pobres habitantes de Aileron han pensado que hemos llegado volando con el Spyder desde el lado equivocado…

Texto Michael Browning

¿Qué hacer en Alice Springs?

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Alice Springs, Australia, Aerial View, © Google Inc.

Tras las huellas

Alice Springs, fundada en 1872, es la principal localidad del Red Centre, como se denomina también al árido interior de Australia. Hasta Darwin hay 1.500 kilómetros.

Alojamiento

La ciudad ofrece algunos buenos hoteles. Son recomendables el Quest, ubicado en el centro, con sus modernos apartamentos (www.questapartments.com.au), o el Lasseters (con casino inclusive), que queda algo más alejado (www.lasseters.com.au).

Museos

Alice Springs está marcada por la cultura de los aborígenes australianos. En la ciudad hay algunos museos dedicados a ella. Cerca del centro se encuentran, por ejemplo, el «Strehlow Research Centre» en el «Museum of Central Australia» o el «Papunya Tula Artists». El «Araluen Arts Centre» ofrece exposiciones itinerantes, artesanía y representaciones en vivo (www.araluenartscentre.nt.gov.au).

Excursiones

El contraste entre el radiante cielo azul y la tierra roja del outback australiano es fascinante. La cordillera de MacDonnell Ranges constituye los alrededores de Alice Springs. Se recomiendan tres desfiladeros: Standley Chasm, Ormiston Gorge y Glen Helen. Espectacular: una vuelta en globo por las encarnadas extensiones o la expedición en camello. Es obligatoria una salida en avión a la famosa Ayers Rock (cuyo nombre original es Uluru), que dura aproximadamente una hora. (www.travelnt.com).