Porsche - Mission E
Mission E
 

Mission E

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A pesar de lo futurista del diseño, se reconocen claramente las proporciones típicas de Porsche.

¿Un deportivo que puede recorrer 500 kilómetros sin consumir ni una sola gota de combustible y, además, conserva la máxima potencia? Bienvenido al futuro. Le presentamos el prototipo eléctrico Porsche Mission E.

El Mission E es un vehículo que viene del futuro. De un futuro factible. De un futuro fascinante. Con este prototipo, Porsche muestra cómo podría ser el primer deportivo puramente eléctrico de la historia de la marca y cómo se mantiene fiel a todos y cada uno de los principios que hacen que un Porsche sea un Porsche en cuanto a potencia y eficiencia, dinámica de conducción y funcionalidad, gracias a una tecnología revolucionaria. En cuanto a sus formas, huelga decir que son bellas, sinuosas y atemporales. En otras palabras: el Mission E es el 911 entre los coches eléctricos y no tiene una sola misión, sino muchas.

Misión Potencia
«Los motores complejos, eficientes y potentes son nuestra especialidad. No hay más que ver el 918 Spyder o el 919 Hybrid». (Stefan Weckbach, Director de Proyecto Mission E)

Es un deportivo. Pero es distinto: el sistema propulsor es completamente nuevo y, aun así, típico de Porsche. Dos motores síncronos de excitación permanente (PSM) similares a los utilizados por el ganador de Le Mans, el 919 Hybrid, aceleran el vehículo y recuperan energía con el frenado. Uno propulsa el eje trasero, y el otro, el delantero. En conjunto consiguen una potencia de más 440 kW (600 CV) y disparan al Mission E de 0 a 100 km/h en menos de 3,5 segundos y a 200 km/h en menos de 12. Los PSM son los turbos de entre los eléctricos: son capaces de transformar energía eléctrica en propulsión con gran eficiencia, uniformidad y un alto y prolongado rendimiento, pero generando relativamente poco calor, por lo que no necesitan largas pausas de refrigeración. Un Porsche tiene que ser el rey del circuito siempre, también si es eléctrico.

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Más de 440 kW (600 CV) aceleran el Porsche eléctrico en menos de 3,5 segundos de 0 a 100 km/h.

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Una tapa corrediza situada en el guardabarros protege la toma de carga.

Misión Satisfacción
«La interacción entre los motores y la batería es nuestra especialidad. El 919 Hybrid ganó en Le Mans gracias a ello». (Stefan Weckbach)

Conducir a toda velocidad por una recta no tiene mucho misterio. Un Porsche ama las curvas. El Mission E hace gala de ello sin concesiones, con una óptima distribución del peso y un bajo centro de gravedad. La batería está situada en los bajos, por lo que el centro de gravedad queda muy cerca del suelo y mejora la dinámica transversal. El peso está distribuido homogéneamente entre los ejes delantero y trasero, consiguiendo así un excelente equilibrio. De esta forma, la tracción total a demanda, controlada por el «Porsche Torque Vectoring», puede desplegar todas sus ventajas y aplicar la fuerza propulsora adaptándola a la dinámica de conducción y la adherencia de los neumáticos: el prototipo tiene llantas de 21 pulgadas delante y 22 detrás. Como el 911 GT3 y el 911 Turbo, cuenta con un sistema de dirección a las cuatro ruedas que le permite tomar las curvas con mayor rapidez y precisión y realizar a gran velocidad cambios de carril con más estabilidad. El binomio deportividad-confort marca de la casa queda garantizado mediante un chasis activo inspirado en el del 911. Gracias a ello, el Mission E mantiene su condición de rey de la pista y debe quedar por debajo de los 8 minutos en el Infierno Verde del Nürburgring.

Misión Funcionalidad
«15 minutos de carga es un tiempo aceptable. Y factible gracias a los 800 voltios». (Stefan Weckbach)

El tema más fascinante de la electromovilidad son los llamados tiempos de carga y el rango de autonomía. Con el Mission E, Porsche se adentra en nuevos terrenos y duplica la tensión habitual de 400 voltios de otros eléctricos hasta los 800 voltios. El resultado son tiempos de carga más cortos y un peso menor, ya que para transportar la energía son suficientes unos ligeros cables de cobre con una sección transversal reducida. La batería de iones de litio está dimensionada de tal forma que permite recorrer 500 kilómetros con una sola carga. Para la carga subsiguiente, un cuarto de hora basta para realizar otros 400 kilómetros. Justo el tiempo para un café.

Porsche lo denomina «turbo charging». Ya hay planes concretos para permitir 800 voltios en las estaciones de carga de las autopistas. De todas formas, como es de suponer, el Mission E también se las apaña con menos. Así, se puede cargar conectando el vehículo a una estación de recarga rápida convencional de 400 voltios o cómodamente en el garaje de casa aparcándolo sobre una bobina de inducción instalada en el suelo que transfiere la energía a su pieza opuesta en los bajos del coche sin necesidad de cable alguno. La recarga del mañana.

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El prototipo Mission E tiene dos motores eléctricos (1, 2). Se cargan a 800 voltios, por lo que los tiempos de carga son cortos y los rangos de autonomía, elevados. La batería de iones de litio (3) está integrada en los bajos, lo que beneficia a la distribución del peso y, además, permite recargar por inducción. La toma de carga convencional se encuentra en el guardabarros (4) delantero izquierdo.

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En la zaga destaca un arco de luz con las letras de Porsche en rojo.

Misión Diseño
«El sueño del equipo de diseño es que, en el futuro, el Mission E llegue a adquirir la misma importancia que tiene hoy el 911». (Michael Mauer, Director de Diseño en Porsche)

Precisamente así es como tiene que ser su aspecto externo: apasionantemente distinto, genuinamente clásico. Ni un solo milímetro, ni una sola línea que no le transmitan a nuestro cerebro el mensaje inequívoco de que se trata de un Porsche. La figura de un sedán deportivo plano de 130 centímetros con los atributos de los bólidos de Zuffenhausen.

Y con innovaciones que saltan a la vista, como la aerodinámica integrada. Las marcadas entradas y salidas de aire en el frontal, los laterales y la zaga caracterizan la carrocería, que se encuentra completamente bajo la acción del aire. También un deportivo eléctrico necesita una refrigeración inteligente de los motores, la batería y el sistema electrónico. Las guías de aire integradas mejoran la aerodinámica de las ruedas, y las salidas laterales reducen la sobrepresión en los pasos de rueda y, con ello, la fuerza ascensional. Tal como reza ese principio que ya es tradición en Porsche: form follows function, la forma sigue a la función.

Los rasgos más clásicos del Mission E están inspirados en coches de leyenda. El frontal en forma de flecha recuerda al del 918 Spyder y tiene reminiscencias de las proporciones de otros célebres coches de carreras. Los pronunciados guardabarros delanteros, la forma sumamente plana del capó y la línea de la ventanilla lateral son rasgos heredados del 911. También tiene la misma ancha y marcada hendidura del 911 GT3 RS, que se extiende desde el amplio capó hasta el techo. Hasta aquí sus genes atávicos.

En cuanto a los elementos que lo hacen apasionantemente diferente, en primer lugar tenemos los nuevos faros LED Matrix con el típico diseño de cuatro puntos que flotan en la entrada de aire. En medio, un sensor plano para los sistemas de asistencia cuyo borde actúa como intermitente. Ningún retrovisor exterior interrumpe la armonía de las formas planas, pues han sido sustituidos por discretas cámaras instaladas en los laterales. Cosas del futuro. Incluso las manillas de las cuatro puertas de apertura antagónica se integran perfectamente en el exterior del vehículo. En la zaga, de lado a lado entre los anchos guardabarros traseros, se extiende un arco de luz con las letras de Porsche iluminadas en rojo sobre un elemento negro de cristal.

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Las puertas de apertura antagónica dan la bienvenida al interior high tech del Mission E.

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Los cuatro asientos individuales ultraligeros ofrecen una excelente sujeción lateral a los pasajeros.

Misión Cuadro de mandos
«El cuadro de mandos da una pista de hacia dónde quiere llevar Porsche sus sistemas de ‹Connectivity› e ‹Infotainment› en el futuro». (Michael Mauer)

Para que quede claro desde el principio: en el Porsche del mañana el elemento principal sigue siendo el conductor. A él se adecúan todas las decisiones. Incluso las cinco esferas (representadas virtualmente con tecnología OLED) se sitúan sobre una pantalla plana e independiente y siguen los movimientos del conductor mediante el llamado efecto paralaje (si sube o baja el asiento o se inclina hacia un lado, por ejemplo). De esta forma se evita que alguna información importante pueda quedar oculta tras el volante. Pero aún hay más: el sistema de seguimiento ocular o eye tracking reconoce mediante una cámara a qué instrumento está mirando el conductor y este puede, con solo pulsar una tecla en el volante, seleccionar el menú correspondiente y navegar por él. Asimismo, el Mission E cuenta con un detector del grado de satisfacción al volante, de forma que reconoce en la expresión de la cara del conductor su estado de ánimo y la reproduce en forma de emoticono. Si se desea, este dato puede ser memorizado junto a otras informaciones.

Todo el salpicadero es un compendio de ideas. Inspirada en la distribución del cuadro de mandos del 911 clásico, la ancha pantalla holográfica espera a ser despertada con un gesto de la mano. Piloto y acompañante pueden controlar así funciones como la radio, la navegación, el climatizador, el teléfono o aplicaciones específicas del vehículo sin establecer contacto táctil alguno; es decir, única y exclusivamente mediante gestos intuitivos. Además, el Mission E puede configurarse desde el exterior mediante la aplicación «Porsche Car Connect». Con la ayuda de los servicios «over the air» y remotos se puede ampliar el volumen de funciones del vehículo de la noche a la mañana, como quien dice. Para añadir nuevas funciones al sistema de infotainment o configuraciones del motor o el chasis, basta con actualizarlas a través del módulo de datos de alta velocidad integrado utilizando un smartphone o una tableta. Otra vuelta de tuerca a la capacidad de carga.

El futuro tiene muy buena pinta. De hecho, no es posible una misión más fascinante.

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El centro de todas las miradas: un cuadro de mandos completamente nuevo con un sistema de seguimiento ocular y control mediante gestos.

Texto Peter Weidenhammer