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Porsche - En el reino de los hielos

En el reino de los hielos

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Una especie de SUV de carne y hueso: los perros de trineo son una forma natural de desplazarse.

Las vastas extensiones de hielo y nieve de Finlandia son el terreno ideal para apreciar las magníficas cualidades invernales de un Porsche. Nos hemos desplazado hasta Laponia para explorar los alrededores de la Porsche Driving Experience de la mano de un piloto de carreras. Aparte de pasárnoslo en grande derrapando por el hielo, nos hemos traído la maleta llena de consejos.

Es imposible distinguir con claridad lo que está ocurriendo en el horizonte. Con cada maniobra, el Cayenne S es engullido por las nubes de nieve que levantan los neumáticos de invierno con sus clavos de 1,5 milímetros. Un ingrávido manto de nieve rodea el deportivo SUV y los minúsculos cristales de hielo brillan iluminados por el sol finlandés, bajo ya a esta hora de la tarde. En medio del blanco absoluto aparece una silueta resplandeciente envuelta en un abrigo blanco polar. «¡Menudo remolino de nieve! Parece azúcar glasé», comenta Klaus Bachler. Este piloto de carreras austriaco de 24 años trabaja los meses de invierno como instructor en la Porsche Driving Experience de Levi. En un vídeo de recuerdo se le puede ver derrapando por uno de los cuatro «Forrest Tracks», los tramos del área de entrenamiento.

¿He mencionado ya que la luz es fantástica? De hecho, para muchos de los turistas que pasan sus vacaciones en la Laponia finlandesa, la luz es precisamente el principal atractivo de la zona. «Amigos del Norte», les llaman por estas latitudes, más allá del Círculo Polar Ártico. Quieren admirar las puestas de sol rosáceas, a veces casi violetas, de esta parte del mundo, disfrutar del resplandeciente sol del mediodía y la luz dorada de las primeras horas de la tarde, y con un poco de suerte, también esperan poder ver las luces polares, esas columnas verdes de luz danzando sobre el cielo claro cual fantasmas incorpóreos.

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En los alrededores silenciosos, fríos y blancos de la estación de esquí de Levi, el Cayenne S se siente como en casa.

Pero para Klaus Bachler y los otros ocho instructores de Porsche, la jornada comienza a las seis y media de la mañana, cuando afuera aún es noche cerrada y la temperatura a veces ronda los 25 o 30 grados bajo cero. Bachler tarda unos 20 minutos en llegar al área de entrenamiento cada mañana. Tiempo suficiente para que el Cayenne S pueda lucir sus excelentes cualidades de invierno. Para empezar, asientos calefactables a tres niveles que, gracias a su elevada posición, permiten una excelente visibilidad, algo que en las carreteras heladas de Laponia, escasamente iluminadas y circundadas por paredes de nieve, vale su peso en oro. Pero, además, este impresionante SUV cuenta con prestaciones como el paquete Offroad, el PSM (Porsche Stability Management) o el sistema de tracción para bajadas activable a partir de un 12% de desnivel que hacen que el Cayenne S se mueva por Levi como pez en el agua.

El robusto 4x4 no pierde nunca el rumbo y en las curvas cerradas responde con docilidad mientras va dejando tras de sí blancas polvaredas de nieve. Despacha las ondulaciones del terreno sin despeinarse, y no titubea sobre la superficie helada ni cuando por ejemplo una moto de nieve sale de pronto silbando de entre los árboles y cruza la carretera. El SUV se agarra con fuerza al suelo sin perder el rumbo. Con su conducción segura y deportiva, el Cayenne S parece estar en su hábitat natural entre lapones, saunas, renos, alces y huskies. Aún así, el instructor nos da un par de consejos, por si la cosa se pusiera seria: si la parte trasera patinara sobre una placa de hielo y perdiéramos el control, dice, hay que «frenar y girar el volante con decisión, pero sin frenesí, en la dirección contraria a la que queremos ir hasta que el coche vuelva a coger el rumbo deseado». En este caso, añade, también es muy importante la posición del asiento: «Hay que agarrar el volante con ambas manos, y este debe estar a la distancia correcta, es decir, debes poder apoyar la muñeca sobre la parte superior con el brazo extendido y, al pisar el freno a tope, no tener la rodilla completamente estirada».

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Para mantener el rumbo sobre una superficie helada hay que aplicarse a fondo en la autoescuela de invierno.

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En general, los austriacos son especialistas de la nieve: el piloto Klaus Bachler conduce relajadamente su Cayenne S sobre la nieve fresca.

A un lado del área de entrenamiento, que está dividida en dos partes, se encuentran dos amplios garajes con calefacción por suelo radiante. Allí, como muy tarde a las ocho, todos los días se preparan para la acción diversos modelos de Porsche. Los participantes llegan en autobús al amanecer, poco antes de las nueve, al Driving Experience Areal, que tiene el tamaño de 80 campos de fútbol. El día comienza con una sesión informativa. Los ojos les brillan de la emoción ante el elenco de vehículos dispuestos para su goce y disfrute: 911 Turbo S, Cayman GTS, Macan Turbo, Panamera Turbo S y GTS, 911 GT3 Cup, 918 Spyder y el Cayenne S. Hormonas de felicidad flotan en el ambiente.

Los participantes en el curso –algunos venidos expresamente desde el Sureste Asiático– tienen por delante varios días de entrenamiento. Su jornada finaliza a las cuatro de la tarde, con la caída del sol. A disposición tienen dos restaurantes donde reponer fuerzas durante las paradas en boxes. De la mano de un instructor y al volante de diversos Porsches irán mejorando sus habilidades de conducción por hielo y nieve. Darán vueltas por la pista, probarán los distintos coches e irán haciendo ejercicios cada vez más difíciles hasta que por fin estén listos para hacer lo que todos tienen ganas de hacer: derrapar haciendo rugir el motor y levantando nieve a su paso como si de una centrifugadora se tratara. Dentro del recinto, un amplio cenagal cuidadosamente regado y acondicionado durante semanas –los tramos varían cada año–, es prácticamente imposible que pase nada. Como mucho, que alguien no coja bien una curva, el coche gire sobre sí mismo y, de golpe y porrazo, quede atrapado en una pared de nieve. ¡Pura adrenalina! Luego alguien vendrá a sacar el coche, una acción para la que, por cierto, el paquete Power del Cayenne S sirve muy bien de grúa.

Klaus Bachler se toma tiempo para cada uno de los miembros del grupo: explica, corrige, les da consejos. Cuando los hace él los ejercicios parecen un juego de niños. ¿Cuál es el truco? «El secreto es encontrar el equilibrio entre la velocidad, la frenada y la dirección», revela el piloto con una sonrisa pícara. Asimismo, es de gran ayuda conocer bien el coche que se está conduciendo. Y, por supuesto, mentalizarse bien de detalles como, por ejemplo, que el Cayenne S tiene el motor delante y que ello afectará al reparto del peso y, por consiguiente, al comportamiento del coche. Así, el mayor peso en la parte delantera hará que tengamos que cruzar la trasera del vehículo un buen trecho antes de la curva para poder hacerlo derrapar controladamente. «Obviamente, eso solo se puede hacer aquí, en la escuela», advierte Bachler para subrayar que no es una maniobra apta para carreteras abiertas al tráfico.

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En general, los austriacos son especialistas de la nieve: el piloto Klaus Bachler conduce relajadamente su Cayenne S sobre la nieve fresca.

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Mucho más que un mero motivo fotográfico: en el Círculo Polar Ártico los renos son animales domésticos.

Los instructores disponen de horas libres con regularidad. Bachler suele aprovechar para hacer ejercicios de musculatura y cardio en un gimnasio que hay en el pueblecito vacacional de Levi. Sus casitas de madera de colores quedan al pie de la montaña del mismo nombre, de 531 metros de altura, la mayor y más conocida estación de esquí de Finlandia. Durante sus ratos libres en Laponia, al austriaco, un enamorado de la naturaleza, también le gusta hacer esquí de fondo y correr con motos de nieve. ¿Y qué le parece la gastronomía lapona? «La carne de reno no es que me vuelva loco, pero el salmón me encanta».

Dicho lo cual, Bachler se sube al Cayenne S y se va, casi sin hacer ruido, montaña arriba, camino del hotel, que cuenta con unas vistas espléndidas. Entre una cosa y otra, se ha hecho de noche y un frío seco vuelve a envolverlo todo. En la entrada semicircular del hotel crujen las blancas banderas de Porsche mecidas por un viento helado. Por lo demás, lo único que se oye es el silencio.

En la Porsche Driving Experience de invierno los participantes aprenden a conducir un Porsche en condiciones extremas sobre nieve y hielo. El programa de los distintos cursos (Camp4, Camp4S, Ice-Force y Ice-ForceS) incluye frenada controlada, elusión de obstáculos y técnicas de derrape. Más información en www.porsche.com/drivingexperience.

Texto Andrea Weller
Fotografía Victor Jon Goico