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Porsche - Un desafío a la gravedad

Un desafío a la gravedad

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La escultura se fijó a una profundidad de 12 metros en el suelo para que las puntas pudieran soportar los tres 911: el modelo F de 1970, el G de 1981 y el nuevo 991 II.

El artista londinense Gerry Judah tuvo la ocurrencia de erigir tres nueveonces hasta 24 metros de altura sobre unos brazos de acero. El retrato de un excepcional maestro de las grandes esculturas.

Gerry Judah llega a la fiesta en un Cayenne negro. La Plaza Porsche de Zuffenhausen está tranquila. Alrededor de la isleta sobre la que se erige hacia el cielo crepuscular la nueva escultura de Porsche «Inspiration 911» apenas circulan vehículos. Dentro de poco Gerry Judah observará desde la tribuna montada para la ocasión cómo se inaugura oficialmente su escultura en un acto simbólico acompañado de un impresionante espectáculo de luces y un colorido baile de modelos históricos y actuales de Porsche, que darán unas cuantas vueltas de honor en torno a las blancas estelas. Sobre ellas, tres 911 blancos parecen estar apuntando hacia la noche en un afilado ángulo.

En el museo donde se va a celebrar la fiesta, este artista londinense de 64 años destaca entre los invitados sin tener que recurrir a la extravagancia. Es un hombre de una altura imponente, barba blanca, y vestido todo en negro. Judah es una persona simpática y accesible a quien la relación con su trabajo parece importarle más que la relación con el poder. Saluda alegremente al equipo del taller que ha preparado esos tres nueveonces que a partir de ahora dominarán lo alto de la escultura durante años y décadas a merced de las cabriolas climáticas: «You were wonderful», les dice. Ellos sonríen con cierta timidez y disfrutan del cálido apretón de manos del artista.

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La blanca construcción de acero de la Plaza Porsche de Zuffenhausen se enrosca hacia las alturas.

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El artista Gerry Judah frente a su obra de arte.

Judah es consciente del valor que tiene para su trabajo un equipo que congenie y que responda a sus ideas sin grandes rodeos cuando, por ejemplo, se trata de colocar unos tablones de acero moldeado de 400 metros en total en una construcción inclinada de 36 metros, como ha hecho este año en el Goodwood Festival of Speed. Desde hace casi 20 años diseña y construye las gigantescas esculturas centrales de la legendaria gran fiesta de los amantes del automóvil que el Earl of March organiza en sus tierras en West Sussex desde mediados de los noventa.

Gerry Judah nació en 1951 en Calcuta. Sus abuelos eran originarios de Bagdad y se fueron a vivir a la India. Judah pasó su infancia en Bengala Occidental antes de mudarse a Londres con su familia a los diez años. A los 16 abandonó la escuela, trabajó como auxiliar de cocina, portero y diseñador técnico. Más tarde estudió arte en el college de más prestigio de Londres, fundó un estudio en el westend de la ciudad y comenzó a trabajar en grandes esculturas y fantásticas pinturas tridimensionales. Para financiar su arte trabajó en teatros y óperas, en el rodaje de películas y en tomas de fotografías, diseñó platós de cine para Ridley Scott, la Royal Shakespeare Company y grupos de rock como The Who, Led Zeppelin y Michael Jackson.

Preparando la escenografía para producciones fotográficas, Judah conoció en los años ochenta a un fotógrafo famoso llamado Charles Settrington. «Un día, muchos años después, sonó el teléfono», recuerda Judah, «al otro lado estaba Lord March». Charles Settrington, que entretanto había asumido la sucesión del título nobiliario de su familia, le pidió que colgara un Ferrari a lo alto de un enorme arco de triunfo para su ilustre Festival of Speed. Judah se subió al andamio y, soportando todas las inclemencias meteorológicas debido a la brevedad del plazo, estuvo con su equipo atornillando y dando los últimos toques de pintura a la primera gran escultura de Goodwood, denominada central feature. Sería el primer paso de lo que habría de convertirse en una leyenda anual de arte dedicado al automóvil.

Las esculturas de Goodwood, construidas todas ellas solo para que duraran dos o tres semanas y vueltas a desmontar y desguazar, fueron cada año más altas, más atrevidas y más llamativas. Judah montó automóviles históricos de competición en reproducciones de circuitos gigantescos de carreras, construyó con tubos un deportivo de una altura de 28 metros que se alzaba sobre su morro apuntando al cielo y, en un segundo encargo para Porsche hace dos años montó tres 911 sobre gigantescas puntas inclinadas de acero que en su desafiante construcción parecían estar retando a las leyes de la física.

El conjunto de nueveonces impresionó, lo que pronto dio lugar a la idea de perpetuarlo como escultura en la Plaza Porsche de Zuffenhausen, frente a la sede central. Para Gerry Judah esto significó el diseño de un nuevo proyecto, teniendo en cuenta las condiciones creadas por el tráfico de una rotonda en un espacio público y, sobre todo, el paso del tiempo. Esta construcción no permanecerá solo unas cuantas semanas, sino que durante décadas esta constucción estará sometida a las inclemencias del clima y otros influjos. Además, el contacto con una zona densamente urbanizada también es distinto. «La escultura en Goodwood tenía una parte delantera y una parte trasera, mientras que en la Plaza Porsche uno se aproxima a ella desde distintas direcciones, por lo que tuvimos la idea de dejar que los brazos se enroscaran de modo que el conjunto tuviera tres ejes», explica Judah.

La construcción se fijó a una profundidad de 12 metros en el suelo para que las puntas de las estelas pudieran soportar los tres 911: el modelo F de 1970, el G de 1981 y el nuevo 991 II, que se presentó en la IAA, todos en blanco, tono RAL 9002, a una altitud de 21 metros el que está situado más abajo y de 24 el que queda más alto. «Más arriba», dice Gerry, «no habría tenido ningún sentido, pues habrían quedado fuera del alcance de la vista cuando se pasa por delante en coche».

Texto Therese Stelzner
Fotografía Steffen Jahn