Porsche - Una vuelta alrededor del mundo
Una vuelta alrededor del mundo
 

Una vuelta alrededor del mundo

En el Campeonato Mundial de Resistencia, el equipo oficial de Porsche recorre en tan sólo diez semanas una distancia equivalente a la de una vuelta alrededor de la tierra. Una empresa muy deportiva también desde el punto de vista logístico.

Urs Kuratle está delante del taller del Departamento de Carreras del Centro de Desarrollo de Weissach rodeado de doce «palets esclavos», cada uno de los cuales mide 304 x 230 cm. Es el equipaje normal de Kuratle. El aluminio de los flamantes palets, que relumbra al sol, conforma la superficie para la carga que Porsche transporta por avión para participar en las carreras intercontinentales del Campeonato Mundial de Resistencia. Como director de operaciones, ya hace meses que ha calculado que se necesitarán exactamente doce. El transporte aéreo es una tarea ardua y costosa que él describe llanamente: «Es como el Tetris». Y en su cabeza empieza a caer mentalmente una pieza sobre la otra.

En el ya clásico videojuego descienden constantemente figuras geométricas desde el área superior de la pantalla y se tienen que colocar inmediatamente sin que quede ningún hueco. El trabajo del especialista en logística es algo parecido, pues también tiene que amontonar piezas con rapidez y sin que queden huecos. La diferencia estriba en que cuando una pieza no encaja, no es posible pulsar el botón de reinicio. El material necesario para la participación de los dos Porsche 919 Hybrid en el campeonato tiene que llegar íntegro y puntual al circuito. Tras tres carreras en Europa, las pistas de la segunda parte del Campeonato Mundial de Resistencia (WEC) de la FIA quedan este año inmensamente lejos de Weissach. El Circuito de las Américas en Austin, Texas, constituyó el inicio de la gira mundial, seguido de la japonesa Fuji, la megalópolis china de Shanghái, el Reino de Baréin y finalmente la brasileña São Paulo. En términos de transporte aéreo, todo esto supone un recorrido de aproximadamente 40.000 kilómetros. Más o menos el perímetro de la tierra.

El chasis de repuesto del 919 Hybrid, reducido a lo esencial, viaja en una caja independiente
Los radiadores de aceite del motor (en la repisa de arriba) y los elevadores de motores (abajo) tampoco pueden faltar

Se oye un ruido. A unos 270 km/h aterriza en el aeropuerto de Frankfurt-Hahn el avión fletado por DHL. Es un Boeing 747, tal vez la única aeronave con un rostro tan inconfundible como el del nueveonce. La nube del caucho desprendido de las ruedas desaparece y el avión aparca. Entonces comienza un ritmo frenético. Plataformas elevadoras suben los contenedores procedentes de Weissach y apenas media hora más tarde se ha llenado ya la bodega de carga. Se dejan libres estrechos corredores para poder atar bien la carga. Aquí todo se hace con sistema, cada paso responde a una norma.

El interior de un avión no es elástico y por ello hay que aprovechar al máximo todo el espacio de carga: a lo largo, lo alto, lo ancho y en diagonal. Hay que proceder de la misma manera como cuando se llenan cajas de mudanza: abajo unos cuantos libros y encima ropa para que no pesen excesivamente. También conviene respetar a rajatabla el conocido principio de que lo primero que se vaya a necesitar en el lugar de destino debe ser también lo primero en tener a mano. Así que lo mejor es escribir en la caja lo que hay dentro y a qué habitación debe ir. Lo que pasa muchas veces es que también se introducen objetos que no corresponden y, al final, se encuentra uno revolviendo en las cajas y maldiciéndose a sí mismo porque los portalámparas no aparecen por ningún lado. Lo malo es que cuando se trata de un contenedor de tres toneladas más vale tener a mano los cables que hay que tender en primer lugar para poder comenzar el montaje.

Los dos 919 Hybrid viajan desprovistos de todos los componentes frágiles y protegidos frente a las miradas de los curiosos

Porsche utiliza contenedores diseñados exactamente para las medidas del avión: unas veces están achaflanados por arriba, otras veces son más planos y, a veces, tienen una forma especial adecuada a la bodega de carga inferior. Estos contenedores hechos a medida tienen su propia historia: «Antes apilábamos las cajas, las amarrábamos con una red para que los bultos cupieran en la bodega de carga, y ya estaba», recuerda Kuratle, que lleva trabajando casi 20 años para el equipo Sauber en Fórmula 1. Durante mucho tiempo, el transporte se realizaba básicamente en camiones. La forma cuadrada ahí utilizada también correspondía al transporte marítimo, pero ¿para el transporte aéreo? La demanda fue en aumento y el enorme peso adicional que suponía el embalaje en las pilas de cajas llevó a Kuratle a idear una solución. Así fue como el equipo se convirtió en pionero utilizando las primeras cajas hechas a medida. Kuratle no deja de idear. Los contenedores modernos de Porsche son más eficientes que cualquiera de los utilizados normalmente en el mundo del deporte del motor. Golpeando la fina pared de aluminio, Kuratle observa: «Nuestro Q7, el contenedor más grande, pesa 120 kilos menos que cualquier otro de este tamaño». Este contenedor se puede cargar sin red de seguridad, lo que permite ganar 1,3 cm de altura de carga y al final supone un gran ahorro de peso y gastos. Ya en el interior de los contenedores, el rompecabezas se complica. La lista de los objetos de carga contiene miles de posiciones. Para que todo encaje, desde el mismo momento de su adquisición (ya se trate de armarios de herramientas, embalajes para cascos o cajas de motores) se presta atención a que sean aptos para ser transportados en avión.

Michael Antl y Markus Bürger son los encargados de llevar el sistema a la práctica. Antl es responsable del almacén y los preparativos. Se encarga de que todas las piezas de repuesto necesarias para los coches estén incluidas en la lista de transporte, junto con su documentación sobre el estado de desarrollo y su tiempo de funcionamiento. Por tanto, también es el responsable del transporte aéreo de las piezas que se tienen que cambiar entre las carreras transcontinentales. Como cuando hay que enviar los motores de cuatro cilindros y 2 litros a Weissach para que los revisen. «Eso lo hicimos por primera vez en el WEC de 2014. Cada componente tiene un tiempo de funcionamiento determinado, eso ya está previsto. Pero hay que ser flexibles para afrontar los casos de piezas defectuosas o daños producidos en accidentes», apunta Antl. Hay que ser previsor, pues también hay que hacer pre-reservas para vuelos entre las carreras. Y en este caso no se trata de un avión fletado en exclusiva, sino de la bodega de un avión normal de pasajeros.

Los tres garantes del éxito logístico: Urs Kuratle, Markus Bürger y Michael Antl (de izq. a dcha.) embalando en Weissach

Markus Bürger, responsable de transporte y logística, es el implacable gestor de las doce unidades. Para cada una hay un encargado que está presente cuando tiene lugar la carga y la descarga. «De este modo podemos estar seguros de saber cuál es el contenido y seguir una secuencia de trabajo eficiente», explica Bürger. Cada unidad tiene una placa con un número único en todo el mundo, y cada pieza embalada en su interior lleva un código QR para poder leer dónde se encuentra. Este meticuloso orden no sólo se debe al deseo de ahorrar costes y aumentar la eficiencia, sino también a la obligación de proporcionar la información necesaria en la aduana. El equipo de Porsche realiza un enorme trabajo para documentar fielmente todo lo relativo al material que se transporta, por ejemplo, los números de serie de los 120 radiotransmisores, el número de piezas de chasis, de paquetes de tornillos o de cintas adhesivas. El material introducido se ha de volver a sacar. Los contenedores se examinan con rayos X y, naturalmente, los agentes de aduanas están autorizados a descargar los contenedores y examinar cada pieza si así lo desean. Para esta eventualidad también se ha planeado tiempo extra.

Las sustancias tóxicas como colas, resinas, aerosoles, o las baterías de ión litio para la innovadora tracción híbrida del Porsche 919 viajan por separado. Las baterías de los prototipos precisan incluso la autorización de la Oficina Federal de Aviación tanto de Alemania como de EE.UU., Japón, China, Baréin y Brasil. La experiencia de Porsche en el ámbito de tracciones híbridas facilita las cosas, pero aún así todo lleva mucho tiempo. Además, antes y después de cada viaje, las sustancias tóxicas deben reposar 48 horas en un recinto asegurado. El combustible lo suministra Shell, socio de Porsche; de los aceites y lubricantes se encarga ExxonMobil; y los neumáticos son, naturalmente, cosa de Michelin. Todo suma.

En el aeropuerto Frankfurt-Hahn se cargan 35 toneladas en un Boeing 747 fletado por DHL
El material se carga rápidamente, pero la tarea de asegurar con cuerdas los coches de compe­tición lleva horas

Hay determinados componentes que se transportan por barco. Por un lado, resulta mucho más económico, pero por otro también incomparablemente más lento. El material que se embarca en agosto no regresa hasta enero y además se envía por duplicado y hasta por triplicado, puesto que las enormes distancias hacen necesario que haya tres juegos iguales de piezas navegando por los mares del mundo. Se embarcan piezas relativamente baratas pero muy pesadas, tales como postes para cordones separadores. En lugar de enviar por avión 20 de estos pesadísimos postes, se compran 60 y se transportan por barco junto con sillas, paneles o líneas de alimentación para los garajes.

El equipo Porsche en la parada en boxes del 919 Hybrid de Romain Dumas, Neel Jani y Marc Lieb en Austin, Texas

Y ahora concentración. ¿No se ha olvidado nada? ¿Y los coches de carreras? Los dos bólidos van amarrados a los racks extra para coches, reducidos a lo esencial: se han vaciado todos los líquidos, las piezas frágiles como retrovisores exteriores y alerones se han embalado por separado y, a modo de zapatillas para el viaje, se utiliza un juego de neumáticos ya usado, cuyo peso se ha calculado y planificado previamente. El chasis de repuesto –un monocoque sin soporte de ruedas ni ejes– se embala en una caja.

Los motores ya están otra vez en marcha y la pista libre para el despegue. El Jumbo jet acelera, despega y se va haciendo cada vez más pequeño. En la contrarreloj de logística, la salida constituye la meta.

Texto Heike Hientzsch
Fotografía Victor Jon Goico


Las rutas

Más de una vuelta alrededor de la tierra es la distancia que recorre en avión y en barco la carga del equipo Porsche para participar en el Campeonato Mundial de Resistencia (WEC) en Austin (EE.UU., 21-09), Fuji (JP, 12-10), Shanghái (CN, 02-11), Sakhir (BHR, 15-11) y São Paulo (BR, 30-11). En el caso del transporte marítimo, la carga se envía por triplicado.