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Porsche - Cayman Country

Cayman Country

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El apéndice GT ha sido siempre una de las garantías de la mezcla perfecta de cualidades aptas para la competición y para carretera. En Escocia el Cayman juega todas sus bazas.

En las Tierras Altas escocesas, la áspera belleza de la naturaleza y la pureza del comportamiento del Cayman GT4 se complementan a la perfección.

Será un día caliente por partida doble. El termómetro señala 35 grados, y en los barrios exteriores de la capital escocesa de Edimburgo hace mucho bochorno. Y ahí está ese Cayman GT4 amarillo Racing, que promete incluso estando parado. Y en nuestro viaje por las Tierras Altas cumplirá con su palabra.

Allá vamos. Cruzamos la desembocadura del río Forth y admiramos los monumentales fundamentos del nuevo puente que se inaugurará el año que viene. A pesar del calor, el paisaje se presenta en un verde exuberante. Por unas curvas sinuosas nos dirigimos a la autopista M90 en dirección al norte. El GT4 está calentando motores. Se conduce con tanta facilidad que casi no parece que haya sido concebido para los circuitos de carreras, algo a lo que ya estamos acostumbrados tratándose de un Porsche. Los apéndices RS, Clubsport o GT han sido siempre una garantía de la perfecta mezcla de cualidades aptas tanto para la competición como para la carretera. El Cayman GT4 juega todas sus bazas en Escocia.

Pero por ahora todavía tiene que mantener mansos sus 283 kW (385 CV). Parece ser que la M90 es la carretera europea con más densidad de radares, herencia de la época en la que servía de circuito de alta velocidad. Así pues, circulamos relajados, acompañados del decente gruñido del motor bóxer central, en dirección a nuestro destino: la impresionante costa oeste y la tierra de los Munros, las montañas al oeste de Inverness que se alzan a más de 900 metros. Únicamente la jaula antivuelcos que vemos desde el retrovisor nos recuerda que estamos sentados en un automóvil que es capaz de dar una vuelta a la Nordschleife del Nürburgring en 7:40 minutos. Poco después, los indicadores electrónicos de la carretera nos anuncian lo que ya era de suponer en un día tan bochornoso como el de hoy: «Atención: se esperan lluvias torrenciales».

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Inmersas en una luz amarilla las Tierras Altas dan la bienvenida al Cayman GT4.

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El Cayman comenta el pintoresco escenario a lo largo de la A832 acompañado por el bombo del motor central.

La tormenta comienza con grandes gotas de lluvia. En un minuto el cielo se pone negro, cae un aguacero torrencial y en nada la carretera se llena de agua. Si hace cinco años hubiéramos conducido por aquí con neumáticos deportivos, habríamos aparcado el coche en la cuneta por temor al aquaplaning y esperado a que parara de llover. Con los nuevos neumáticos «Michelin Pilot Sport Cup 2» el oscuro diluvio parece no tener la más mínima importancia. El Cayman se desliza impasible por la tormenta, pasa por delante de la famosa destilería de whisky Dalwhinnie, y de repente el paisaje se presenta a unas alturas imponentes.

Casi con la misma rapidez con la que ha llegado, la precipitación desaparece y el cielo se aclara. Entre las nubes, que van variando entre un blanco deslumbrante y un gris oscuro o casi negro, brilla un radiante cielo azul, una vista de postal.

Salimos de la autopista a una carretera secundaria. El paisaje está cambiando, parece menos abrupto que las Tierras Altas centrales. Las carreteras están vacías y el asfalto es impecable: esta es la señal para que el GT4 comience a sacar provecho de su enorme potencia, en la medida de lo permitido, por supuesto. El ajuste del GT4 es perfecto: dirección directa, chasis preciso y caja de cambios manual de seis marchas. Al bajar la marcha, el doble embrague viene acompañado por el chasquido metálico del sistema de escape. El GT4 se siente espléndidamente vivo a cualquier velocidad. Siempre despierto. Siempre listo para saltar al ruedo.

De camino por las encantadoras carreteras a lo largo de la costa frente a las Islas Hébridas nos dejamos seducir por la genuina belleza que nos ofrece la naturaleza: un horizonte infinito, grutas ocultas y playas solitarias. Hacemos una pausa para meter los pies en el mar y nos sorprende lo cálida que está el agua gracias a la corriente del Golfo.

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El trayecto nos lleva por Garve y Torridon a lo largo de numerosos lagos y frente a las Islas Hébridas.

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Las estrechas carreteras son el campo de acción ideal para la caja de cambios manual de seis marchas.

De regreso al interior, las carreteras son técnicamente más complicadas, el territorio perfecto para el Cayman, con interminables curvas que hay que tomar en tercera . El eco del motor bóxer retumba en las paredes rocosas. A continuación descendemos durante veinte minutos en dirección al Lago Maree, y en ningún momento los frenos opcionales de cerámica muestran signos de agotamiento. Las nubes de la tormenta siguen abriéndose y dejan libre la vista al pueblo Torridon. La estrecha carretera flanqueada por las cumbres de los Munros invita a la contemplación en su acentuado descenso hacia el enorme Lago Torridon, que queda situado en el fondo de un valle originado en el periodo glacial.

El paisaje de las Tierras Altas es simplemente abrumador. Sus carreteras parecen hechas para el Cayman: planas, previsibles, y con la anchura perfecta. Había conducido el GT4 hasta sus límites en un circuito de carreras y me deshice en elogios, pero este viaje por Escocia me ha mostrado lo bueno que es como vehículo de carretera.

Cuando, haciendo un rodeo por Inverness, nos disponemos a regresar a casa las nubes vuelven a cerrarse. De nuevo el cielo abre sus compuertas y de nuevo las ruedas antideslizantes se abren camino por los raudales. Sin inmutarse, el GT4 rueda en dirección al sur. Ha cumplido su palabra.

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Contraste entre tradición y modernidad: el Porsche se ajusta a la perfección al entorno, no solo visualmente.

Texto Chris Harris
Fotografía Victor Jon Goico

¿Qué hacer en Inverness?

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Loch Ness, Scottland, Aerial view, © Google Inc.

Descubrir

Ciudad

La capital de las Tierras Altas escocesas es a su vez la ciudad más septentrional de Gran Bretaña. En el centro, cerca de la zona peatonal, se encuentra el Victorian Market, construido en 1870, con sus pintorescas tiendas. No lejos del Inverness Castle, junto a la calle principal, el Inverness Museum & Art Gallery muestra exposiciones de armas, joyas e incluso arte moderno.

Historia

Algo más de 20 kilómetros al suroeste de Inverness está el legendario Lago Ness. Y a pocos kilómetros se puede visitar el campo de batalla de Culloden, en el cual los escoceses de las Tierras Altas sufrieron en 1746 la derrota definitiva contra los ingleses. A continuación estos últimos construyeron, 20 kilómetros al nordeste de Inverness, la monumental fortaleza Fort George, con unas dimensiones de 650 por 280 metros.

Fluidos

En los restaurantes y pubs hay whisky de las destilerías locales, cerveza elaborada en la zona y vino local. La oferta gastronómica abarca desde la cocina internacional hasta las especialidades regionales como salmón o queso de las Tierras Altas (www.inverness-scotland.com).