Un 911 GT3 se reconoce con los ojos cerrados. Su sonido es único. Igual que su elevado despliegue de potencia: Su motor de alto régimen de revoluciones llega a las 8.400 vueltas. El despliegue de fuerza es preciso y directo. El motor reacciona inmediatamente con una vigorosa progresión a la menor presión sobre el pedal acelerador. Las prestaciones en conducción son sencillamente impresionantes. Y al menos tan inconfundibles como su rabioso sonido. Pero la mejor manera de saberlo es experimentándolo uno mismo.