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El diseño del interior

911 Carrera
Porsche - El diseño del interior

El diseño del interior

No, Porsche no fabrica vehículos deportivos de uso cotidiano, sino automóviles deportivos que se pueden usar a diario. ¿Cómo se hace esto? No entendiendo una elevada agilidad y un confort destacado como opuestos inconciliables, sino como partes de un concepto global armónico.

Esto rige especialmente para el interior del 911. Así, deportividad, funcionalidad y equipamiento de alta calidad conforman una unidad. Para un estilo de conducción dinámico, para el uso diario. Y para ambas cosas al mismo tiempo.

El significado de esto queda claro nada más entrar: gracias a su batalla alargada, ahora dispone de 25 mm más de espacio para las piernas que en los anteriores modelos 911 Carrera.

Deportividad en consonancia con confort. Esto también es aplicable a la estudiada ergonomía que abarca todo el diseño interior: materiales, disposición y lógica de mando pertenecen a una nueva generación de automóviles deportivos. En el 911 también la consola central, ascendente hacia delante, ha sido rediseñada. Su concepto de manejo inteligente se orienta según un principio claro: el camino directo.

Típicamente 911 es la disposición de los 5 instrumentos esféricos con el cuentarrevoluciones en el centro. Actual es el adjetivo para denominar al cuadro de instrumentos con pantalla TFT VGA de 4,6 pulgadas y alta resolución para visualizar, por ejemplo, la información del control de velocidad con regulador de distancia, del sistema de audio o del indicador de límite de velocidad disponible como novedad.

En relación con el diseño acústico, aparte del sonido del motor: el sistema de sonido envolvente High-End de Burmester® disponible opcionalmente ha sido adaptado especialmente a los modelos 911 Carrera. Con 12 altavoces, 821 vatios de potencia total y una perfecta acústica.

Retengámoslo: en el 911 no puede separarse el diseño de la tecnología. Ni el confort de la deportividad.

No vemos ninguna contradicción en ello y aún menos una concesión. Por tanto, una fuerte personalidad no niega los opuestos, sino que los aúna.